El negocio del narcotráfico

Situada en la ruta de entrada hacia Europa, España se ha convertido en líder mundial del consumo de cocaína, a pesar de que los cálculos apuntan a que mueren más de seis mil personas al año de forma directa tanto por dicha droga como por los estupefacientes de diseño. Cifras preocupantes, aunque muy alejadas de la epidemia que sufrió el país en la década de los setenta del pasado siglo cuando las estadísticas atribuyen a la heroína más de cien mil muertes. En gran parte, consecuencia de un país en crisis, con altos niveles de desempleo y escasas esperanzas de salir adelante.

Aunque parezca que existen similitudes entre ambas situaciones, lo cierto es que el consumo de cocaína llegó de la mano de la burbuja inmobiliaria y las inversiones millonarias. A diferencia de la heroína, se convirtió en la droga preferida y presente en los círculos de ocio por donde corría mucho dinero, en un auténtico símbolo de poder. A España, llegó de la mano de los carteles colombianos, asociados con narcos considerados como de “guante blanco”. Eran los primeros años del nuevo milenio y, según la Guardia Civil, en España se lavaba medio billón de euros procedentes de la droga. Datos coincidentes con las advertencias de la agencia americana de lucha contra la droga, la Drug Enforcement Administration (DEA), que señalaban a España como el nuevo paraíso fiscal del narcotráfico, con especial protagonismo para Marbella.

Sin embargo, a diferencia de lo sucedido con otro tipo de productos, la droga no se depreció con la entrada del euro y tampoco ha sufrido los efectos de la inflación. En la actualidad, el gramo de droga cuesta prácticamente lo mismo que hace veinte años (eso sí, transformando pesetas en euros), cuestión solo explicable por una abundante oferta que, a la postre, se justifica en la ineficiencia de la lucha contra el narcotráfico. Es cierto que, con el paso de los años, la administración y las Fuerzas de Seguridad del Estado se han dotado de mas medios, pero también lo han hecho los narcotraficantes. Si ya hace veinte años se afirmaba que los alijos decomisados suponían el 10% del total de la droga que transitaba por suelo español, poco ha cambiado la situación, aunque las diferentes operaciones contra los narcotraficantes apuntan a que se captura un 40% del tráfico, según los datos de la ONU.

Respecto a las cifras económicas puras y dura, se estima que en España el mercado de la droga mueve alrededor de dos mil millones de euros de dinero negro. Consecuencia de ser los líderes mundiales del consumo. Aunque también son muy respetables las cifras del negocio a nivel mundial, pues, según los informes de las Naciones Unidas, la industria del narcotráfico suponen 243.000 millones de euros al año. Es decir, un PIB anual que le sitúa en el puesto 21 de la economía mundial, muy cerca de las cifras de Suecia.

Con semejante perspectiva a la vista y el reconocimiento por parte de las autoridades de la dificultad de luchar contra este negocio ilegal quizá haya llegado el momento de hacer otro tipo de planteamientos. Es evidente que las medidas de represión no han calado ni entre los traficantes ni entre la sociedad, además de observar el fracaso de las campañas de concienciación, por lo que nada más fácil que buscar otro tipo de soluciones a los problemas ya conocidos. Quizá la legalización de determinados consumos sea la solución. Quizá el reconocimiento de que las implicaciones del narcotráfico son mucho más profundas de lo que se cuenta (tráfico de armas, financiación de grupos terroristas, lavado de dinero en entidades bancarias de ámbito internacional…) aporte mayor luz sobre lo que, de puertas afuera, se considera “una lacra social”.

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