El paso firme de Camper a lo largo de la historia

En 2012 Camper facturó 220 millones de euros y vendió cuatro millones de pares de zapatos; contaba con 370 tiendas propias (tiene previsto abrir otras 50 antes de 2015) en 30 países, 80 compartidas con otras firmas, 2.400 puntos de veta en 50 estados y una plantilla próxima a las 1.000 personas. Grandes números para una empresa familiar cuyo origen se remonta al siglo xix y que obliga a viajar a Inglaterra, adonde un día de 1877 llegó un zapatero mallorquín llamado Antonio Fluxà en busca de nuevos métodos para fabricar calzado a escala industrial. Cuando volvió a casa compartió sus hallazgos con los artesanos del cuero, que quedaron impresionados ante el mundo que se abría ante sus ojos: eficiencia, calidad y rapidez.

Hijo de Antonio, Lorenzo Fluxà (nacido, cómo no, en el interior de una fábrica) siguió el camino marcado por su padre, siempre atento a los progresos tecnológicos, a la innovación, pero sin perder de vista el amor a la profesión.

Fue el nieto del fundador, también llamado Lorenzo, quien hizo crecer exponencialmente el negocio: dio forma y nombre a la empresa (Camper) en 1975, con la intención de hacer de ella una marca asociada a la libertad, la creatividad y la comodidad, conceptos que habían permanecido aletargados en todos los rincones del país durante cuatro décadas y que por fin despertaban en aquella España condenada a abandonar el blanco y negro y a convertirse en una democracia.

En 1981 entró en funcionamiento en Barcelona la primera tienda de la compañía, que llamó la atención por su atrevido aspecto. Tras aquella inauguración Camper se expandió por España, consolidó su posición de liderazgo y se atrevió a dar el salto al extranjero, hito que se produjo en 1992, con el espaldarazo de la imagen que España había proyectos como organizador de los Juegos Olímpicos. Primero París, Londres y Milán, después Nueva York, San Francisco… y hasta Sydney, Japón, Taiwán y Hong Kong.

Con un concepto de tienda bautizado como Walk in Progress, basado en un diseño siempre temporal, interactivo, divertido, en el que reinan los materiales reciclados, Camper ha triunfado gracias a una filosofía centrada en la innovación, la tradición y la calidad, a unos productos que han roto moldes (no solo para los pies: también produce bolsos, carteras y calcetines) y a modelos de zapatos tan inolvidables como los Pelotas, los Brothers y los Wabi.

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