Invertir en arte, una opción al alcance de qué bolsillos

Invertir en arte es una opción para la que hace falta dinero y si realmente se quiere obtener una rentabilidad en el futuro, hay que tener conocimientos. Tal vez no conocimientos técnico-artísticos, tanto como conocimientos de hacia dónde van las tendencias del mercado. Al menos eso parece observando tal y como está planteado el mundo del arte que parece más mercantil y menos artístico.

Existe la opción de invertir en artistas ya consagrados cuyas obras están en venta a precios muy cotizados y con elevados cachés. Al final el arte tiene un punto de “sui géneris”, como cuando Picasso pagaba con cheques sin fondos y a los acreedores no les importaba porque la firma del artista valía más que la cantidad de dinero que les adeudaba.

Saliéndonos de los artistas ya consagrados, entraríamos en la eterna discusión de qué es arte y qué es mercancía. Existen criterios objetivos que determinan el conocimiento técnico de un artista pero no son, ni mucho menos, por los que se rige el mercado. Las consultoras especializadas en venta de arte reconocen que la crisis ha hecho mella en el comprador europeo y que a día de hoy, países como China están colocándose en el número uno de inversores en arte. Entre 2011 y 2012, según una de las consultoras más importantes de arte, se habrían invertido en el mundo cerca de 900 millones de euros en arte, un 6% menos que en el informe anterior.

Es complicado invertir en arte con criterio de rentabilización, existe un componente emocional que también forma parte del proceso de compra, pero hay un segundo episodio de valoración que se nos escapa al común de los mortales. Seguro que en más de una ocasión habrán pensado “eso lo pinto yo” y la realidad demostró ser tozuda cuando se consiguió colgar en la Feria de Arte Contemporáneo ARCO un cuadro pintado por niños pequeños. Las teorías de los ideólogos o “inventólogos” del arte no tenían fin. En cuestión de arte la mercancía ha ocupado el lugar de la inspiración en multitud de ocasiones y no queda muy claro quién determina qué es arte y entra en el círculo y qué no lo es y queda fuera. Es tan sencillo como que el segundo mejor pintor hiperrealista –según los estudiosos- es Miguel Ángel Mayo Golucho y es muchísimo menos conocido, por no decir que no lo es en absoluto. El primero por supuesto sería Antonio López.

El coleccionista medio de arte está ahora mismo a la expectativa, con la crisis acechándole y la mano metida en el bolsillo para ver cuándo coge el dinero y se lanza a comprar. Por otra parte la misma crisis es la que está provocando que coleccionistas que tienen auténticas joyas guardadas, las lleven a vender para obtener dinero líquido. Es cierto que en el arte siempre hay oportunidades, pero el criterio de compra ha de ser el de disfrutar uno mismo de lo que adquiera. El arte tiene un componente de disfrute para los sentidos que no debería perder nunca, puesto que si lo pierde rayamos lo ridículo. El arte no puede perder su variante emocional y sentimental, no puede entenderse únicamente desde el punto de vista mercantilista porque dejará de ser arte para convertirse en mercancía. Ahí habremos perdido la esencia de la belleza para dar paso a la avaricia y el arte habrá iniciado su agonía.

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