Islandia: solución a la crisis y sanciones, a políticos y banqueros

No sólo España se ha enriquecido con el boom del ladrillo y los bancos se han llevado el beneficio por ello. En el norte de Europa, modelo de buenas conductas, también se ha especulado y se ha jugado con el dinero de los ciudadanos. Los tiempos de crisis no han sido muy diferentes en ambos países, pero, de momento, la estrategia para resolver el problema, sí.

Un país mucho más pequeño que había apostado por el mismo sector que España como medio de inversión y crecimiento: la inmobiliaria. Durante la década que duró todo el sistema en pie, las riquezas de Islandia aumentan diez veces su tamaño. El empujón para que la maquinaria comenzara a funcionar lo dio el estado privatizando sus bancos. Bajo el dominio público, los intereses eran bajos y era bastante difícil obtener un crédito. El modelo bancario tradicional cambia radicalmente y cuando se convierte en empresas privadas, se inicia el camino de la especulación a través de los ahorros de los ciudadanos. Los nuevos dueños de las entidades se deshacen de cuanto tiene que ver con la influencia del estado, empezando por el personal especializado y conocedor de la economía islandesa para contratar personal formado, pero con poca experiencia profesional en el sector.

De comerciar con las riquezas internas del país a extender su negocio dentro de lo que se llama banca de inversión. Ya se conceden préstamos de forma fácil y las inversiones se hacen en el país y también en el extranjero. El Banco Central del país decidió suprimir el coeficiente de caja (las reservas mínimas líquidas que deben garantizar los bancos) para que el dinero circulara fluidamente, consiguiendo aún más fondos de fuera. El milagro económico era un espejismo y el sistema financiero quebró casi al completo en 2008, primero los tres bancos más grandes y un año después, comenzaron a hacer lo mismo las cajas de ahorro. Era momento de volver al origen y se nacionalizaron todas las entidades. Debían dinero a Reino Unido y Holanda que habían financiado los bancos.

Los ciudadanos debían devolver lo endeudado y finalmente tras manifestaciones y referéndum acordaron pagar 3.500 con un 3% de interés en un periodo máximo de casi cuarenta años. El rescate del Fondo Monetario Internacional también fue solicitado y el dinero no se destinó a ayudar a los bancos, que se entregaron a los inversores que sufrieron las pérdidas, mayoritariamente extranjeros.

Los que estaban a cargo del país en esos momentos acudieron a los tribunales para dar explicaciones sobre su posible participación en la crisis. Al ex primer ministro de Islandia se le culpó por vulnerar la norma que recoge las responsabilidades que deben asumir los gobernantes. Los banqueros también han sido juzgados por fraude. La solución funciona, de momento, creció durante 2012 más de un 1% y ha bajado el desempleo.

Ninguno de los habituales métodos de control, como las agencias de calificación, había generado un informe que determinara el riesgo al que se estaba exponiendo la banca islandesa en los últimos años. Otro tema.

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