Juguetes rotos: cuando el dinero no da la felicidad

En serio: la fama y el dinero no dan la felicidad. Al contrario: le llenan a uno la vida de posibilidades, pero también de complicaciones, de caprichos, de vicios, de amigos de cartón… Si, además, el rico de turno no es más que un crío, la probabilidad de que se produzca un desastre se multiplica por infinito, como tantas y tantas veces ha ocurrido en esos circos que se llaman cine, música y televisión. Estos son algunos ejemplos:

1. Judy Garland. Siendo una adolescente, caminó sobre baldosas amarillas en la lisérgica El mago de Oz. Y lo más probable es que lo hiciera colocada, porque la Metro-Goldwyn-Mayer les facilitaba anfetaminas y sedantes a ella y a otros niños prodigio (Mickey Rooney, por ejemplo) para que soportasen el ritmo de trabajo en la industria. Acabó drogadicta y apareció muerta en la bañera a los 47 años de edad (eso sí, vividos a tope).

2. Joselito. El Pequeño Ruiseñor encandiló con su voz y sus películas de algodón de azúcar a la España de la posguerra. La adolescencia le jugó una mala pasada: su voz cambió, su rostro se volvió menos… telegénico y la estrella se apagó. Intoxicado por su entorno, cayó en el infierno de la droga y llegó a pasar cinco años en la cárcel.

3. Macaulay Culkin. El protagonista de Solo en casa es el paradigma de los juguetes rotos: una cuenta corriente con una ristra de ceros, una familia desestructurada y unos padres en conflicto permanente por ver cuál de los dos podía quedarse con el dinero del actor. Culkin se refugió en los estupefacientes y, aunque ha intentado volver a las pantallas, parece que todavía no está en plena forma.

4. Lindsay Lohan. Víctima de las disputas de sus padres (también divorciados), Lilo representa la cara amarga de Mickey Mouse: de la factoría Disney saltó a los centros de rehabilitación por su adicción a las drogas, de donde ha salido en varias ocasiones para protagonizar películas con pocas papeletas para aparecer en el programa de José Luis Garci.

5. Amy Winehouse. La crónica de una muerte anunciada. Fue encontrada sin vida en casa: su organismo no había podido con el brutal cóctel de alcohol y síndrome de abstinencia al que había sido sometido.

6. Britney Spears. Después del pelotazo que supusieron sus primeros trabajos, Britney decidió en 2007 pegarse la juerga padre. Y hasta hoy: su talla ha bailado más que las caderas de Shakira, se ha aficionado al alcohol y a las drogas, se ha casado dos veces, se ha divorciado otras tantas, ha tenido un par de hijos (y ha perdido su custodia)… Por cierto, aún no ha cumplido 32 años.

7. Miley Cyrus. “No quiero ser el próximo juguete roto de Disney”, dijo en cierta ocasión. Si es verdad, ¡disimula fatal! La estrella detrás de Hannah Montana se ha especializado en montar sobre el escenario números a medio camino entre una performance porno-reguetonera y una mala imitación de Madonna.

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