Microcréditos, una vía para salir de la más absoluta pobreza

En época de crisis proliferan los créditos rápidos y fáciles que se conceden casi automáticamente a todo el mundo. No son microcréditos, al menos no en su concepto original pero si va a solicitar uno, lea las condiciones con atención. Generalmente tienen unos altos intereses que pueden llegar a superar el 20% y en ocasiones son el camino directo para perder hasta el piso puesto que exigen un aval inmobiliario para la concesión.

Los microcréditos tienen su origen en uno de los países más pobres del mundo, en Bangladesh cuando en la década de los 70 se crea el primer banco para pobres del mundo, el Banco Grameen. Su fundador Muhammad Yunnus viendo las necesidades que había a su alrededor decidió prestar a algunos emprendedores la cantidad de dinero que necesitaban para sus actividades. El capital requerido no llegaba a 30 dólares. Recuperó el dinero sin problemas y decidió ahondar en esta labor de ayudar a los más desfavorecidos a cumplir con la máxima que se establece siempre en estos casos: si alguien tiene hambre no le des peces, enséñale a pescar. Yunnus intentó seguir la vía de la banca tradicional para continuar con su tarea de apoyo pero los bancos, priorizando el beneficio sobre la mejora social, hicieron caso omiso de sus propuestas. Así es como él mismo se planteó la posibilidad de abrir un banco con un objetivo por encima de los demás, el cuidado de las personas.

Su filosofía es sencilla, prestar pequeñas cantidades de dinero a pequeños emprendedores que un negocio simple consiguen mantener a sus familias y salir a flote. En un principio los préstamos estaban dirigidos mayoritariamente a mujeres que eran las que se quedaban en el hogar mientras el padre de familia intentaba encontrar una vía de entrada de dinero. La fórmula de los microcréditos se ha extendido por todo el mundo y según los informes que hace público el banco pionero, tiene una tasa de morosidad muy baja, que apenas llega al 2%.

Son una vía de escape para los que ya no tienen nada que perder puesto que a través del acceso a estos pequeños préstamos consiguen sacar adelante su negocio en un entorno hostil y complejo. Los microcréditos han ayudado a muchas familias a salir de la miseria aunque hay voces muy críticas contra su funcionamiento: privatizan la pobreza, tienen tasas de morosidad realmente más elevadas que las que reconocen, extienden el mal contra el que lucha, ese capitalismo exacerbado que únicamente da prioridad a lo material…

Probablemente ambas posturas tengan parte de razón, quienes defienden este sistema y quienes lo critican. Seguramente no será el sistema perfecto, pero con todo y con eso es innegable que ha sido la tabla de salvación de familias enteras abocadas a la muerte por el hambre. Tal vez no sea la mejor solución al problema de la miseria, pero sería injusto arrebatar a los que no tienen absolutamente nada la única esperanza que han encontrado en el camino. Mientras se idea una solución mejor, al menos no eliminemos ésta. El hambre arrebata cada día la sonrisa a miles de personas mientras el resto del mundo debate sobre si la prima de riesgo está alta o no.

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